Los efectos de las drogas son múltiples y complejos. En ocasiones, dependen de factores como la pureza, la vía de administración, la dosis consumida, la frecuencia y las circunstancias que acompañan al consumo (entorno, lugar, mezcla con otras sustancias).
Las drogas actúan sobre el sistema nervioso central produciendo un efecto depresor, estimulante o perturbador. Las sustancias depresoras disminuyen o inhiben los mecanismos de funcionamiento normal del sistema nervioso central provocando relajación, sedación, somnolencia, hipnosis e incluso coma. Los estimulantes producen sensación de fatiga y alteraciones del apetito o del sueño. Un tercer grupo de sustancias, llamadas alucinógenas o perturbadoras, alteran la percepción de la realidad, el estado de conciencia y provocan alucinaciones. Algunas sustancias producen más de un efecto, como las drogas de síntesis, que causan estimulación y perturbación del sistema nervioso central.
Las alteraciones psicológicas van desde cambios en el estado de ánimo a crisis de ansiedad, crisis de pánico, delirios, alucinaciones e incluso trastornos psicóticos. Además, las drogas pueden afectar también a otros órganos como el hígado, los pulmones, los riñones, el páncreas o el corazón.
Lo primero que se nos plantea es saber qué es realmente una tribu urbana, ya que estos grupos pueden llevar a mucha confunsión. Por ello, aquí dejo una definición: “tribu urbana suele referirse a los grupos de jóvenes que pueden verse en las calles de las ciudades y que se distinguen entre sí por la vestimenta, los gustos musicales y otras cuestiones”
Atendiendo a esta definición, realmente nos damos cuenta que una tribu urbana no se diferencia mucho de lo que siempre hemos considerado un grupo de amigos. La mayor diferencia entre un grupo de amigos y una tribu urbana es que dentro de esta última, el concepto estético y la vestimenta juegan un papel muy importante y es “necesario” una concordancia en la forma de vestir para aumentar la sensación depertenencia al grupo.
Una vez aclarado este punto, nos podemos adentrar un poco más en los motivos por los cuales los adolescentes se unen a un grupo identificativo, o tribu urbana.
Cómo hablamos en el artículo “Las Relaciones Sociales en la Adolescencia”, cuando nuestros hijos entran en esta nueva etapa, generan unanecesidad de independencia y una búsqueda de identidad. Estas dos necesidades se ven parcialmente cubiertas con la sensación de pertenencia a un grupo identificativo.
El sentimiento de idependencia viene dado porque dentro de estos grupos, los miembros tienen un valor, una utilidad, todos sonimportantes y han de valerse por ellos mismos,sin la intervención de un adulto para generar sus conversaciones y actividades de ocio relacionadas con sus intereses.
Son idependientes porque ellos dedicen su forma de vestir, sus gustos musicales, sus aficiones y principalmente, son ellos los que han elegido a su grupo de amigos.
Por otro lado, las tribus dan al adolescente cierto grado de superioridad sobre las demás personas,un sentimiento de pertenencia a algo importante,diferente; cubren la na necesidad del adolescente de identificarse con un grupo, de no ser neutros.
Cuando un adolescente decide pertenecer a un grupo, no lo hace simplemente por moda, es una forma de poder expresar sus emociones, intereses, gustos y actividades de forma reivindicativa y en todos los ámbitos de su vida.Es una forma de gritar su identidad.
Generalmente, la pertenencia a tribus urbana es algo transitorio y vinculado a la búsqueda de identidad característica de esta etapa; una vez el adolescente vaya estando más seguro de sí mismo, y no tenga esa necesidad extrema de reivindicarse, irá abandonando los radicalismos en la forma de vestir y se irá convirtiendo en una persona más flexible y adaptativa en las relaciones sociales.
Aberastury y Knobel plantean que el adolescente debe elaborar cuatro duelos fundamentales en el transcurso de ésta etapa:
·Duelo por la pérdida del cuerpo infantil.
El adolescente debe transitar obligadamente una serie de modificaciones biológicas que generan en él un sentimiento de impotencia y rebeldía. Se manifiesta en ellos el fenómeno de “Despersonalización” en el que tratan a los demás pares como objetos con la finalidad de sentir cierto manejo sobre los otros satisfaciendo sus necesidades inmediatas, y “Sustitución fantaseada” en la que reemplazan o real y concreto por lo conceptual simbólico obteniendo un fuerte manejo de sus ideas. El adolescente así irá elaborando y comprendiendo progresivamente los cambios que van surgiendo en su metabolismo conquistando movilidad y reversibilidad en la vida mental, lo cual le resulta imposible de realizar en el plano orgánico.
·Duelo por la pérdida de la identidad y el rol infantil.
Se manifiesta en el adolescente el fenómeno de “Pseudoindependencia”, al no lograr asumir la independencia adulta absoluta ni seguir manteniendo la dependencia infantil, lo que los confunde al momento ocupar su rol..
En el proceso de formación de la personalidad, los mecanismos de “Negación a las pérdidas” y de “Identificación proyectiva” con los amigos y padres, lo harán transitar periodos de confusión de identidad.
Se observa en el adolescente una exclusión del pensamiento lógico por la pérdida de rol infantil (Inestabilidad afectiva, crisis pasionales, brotes de indiferencia…).Ahora comenzará a funcionar de acuerdo a características grupales, debido a que el grupo generará una seguridad aparente mediante el apoyo mutuo (Roles y personalidades cambiantes, culpas grupales, sentimientos ambiguos…).
·Duelo por la pérdida de los padres de la infancia.
Aquí se origina un doble duelo, el de los adolescentes por perder a los padres de la infancia, y el de los padres por la pérdida de la relación de sometimiento a sus hijos infantes. El adolescente rompe la comunicación con los padres reales externos, y ante la pérdida de las relaciones parentales internalizadas se genera una desubicación de los padres en la personalidad de éstos, provocando que proyecten en figuras sustituidas la imagen idealizada de sus padres.
Así el adolescente se refugiará en un mundo de meditación, análisis y elaboración de duelos.
·Duelo por la pérdida de la bisexualidad.
Acá se hace referencia a la maduración y al desarrollo de la propia identidad sexual, en la que intentarán recuperar infructuosamente el sexo perdido mediante la masturbación como mecanismo de negación omnipotente de ésta pérdida.
Síntomas propios de la adolescencia:
1.Búsqueda de la identidad y de sí mismo.
2.Tendencia grupal.
3.Necesidad de intelectualizar y fantasear.
4.Crisis religiosas.
5.Desubicación temporal
6.Evolución sexual, desde el autoerotismo hasta la heterosexualidad.
7.Actitud social reivindicatoria.
8.Contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta.
9.Separación progresiva de los padres.
10.Constantes fluctuaciones en el humor y el estado de ánimo.
sábado, 13 de agosto de 2016
sábado, 6 de agosto de 2016
Etapas de la adolescencia
La adolescencia, esos años desde la pubertad hasta la edad adulta, se pueden dividir a groso modo en tres etapas:adolescenciatemprana, generalmente entre los 12 y 13 años de edad; adolescencia media, entre los 14 y 16 años de edad; yadolescencia tardía, entre los 17 y 21 años de edad. Además del crecimiento fisiológico, de estos años se pueden extraer siete tareas clave de desarrollo intelectual, psicológico y social. El propósito fundamental de estas tareas es formar la propia identidad y prepararse para la edad adulta.
Desarrollo físico
La pubertad se define como los cambios biológicos de la adolescencia. Aproximadamente en la adolescencia media, si no antes, se completa la mayor parte del crecimiento fisiológico de los jóvenes; ya tienen o casi alcanzaron su estatura y peso de adultos y ahora cuentan con la capacidad física de tener bebés.
Desarrollo intelectual
La mayoría de los niños y niñas entran a la adolescencia todavía percibiendo el mundo a su alrededor en términos concretos: Las cosas son correctas o no, maravillosas o terribles. Raras veces ven más allá del presente, lo que explica la incapacidad de los adolescentes jóvenes de considerar las consecuencias que sus acciones tendrán a largo plazo.
Al final de la adolescencia, muchos jóvenes han llegado a apreciar las sutilezas de las situaciones e ideas y a proyectarse hacia el futuro. Su capacidad de resolver problemas complejos y sentir lo que los demás piensan se ha agudizado considerablemente. Pero debido a que todavía no tienen experiencia en la vida, hasta los adolescentes mayores aplican estas destrezas que recién encontraron de manera errática y por lo tanto, pueden actuar sin pensar.
Desarrollo emocional
Si se puede decir que los adolescentes tienen un motivo para existir (además de dormir los fines de semana y limpiar el refrigerador), sería afirmar su independencia. Esto les exige distanciarse de mamá y papá. La marcha hacia la autonomía puede tomar muchas formas: menos afecto expresivo, más tiempo con los amigos, comportamiento polémico, desafiar los límites; la lista puede continuar. Pero aún los adolescentes frecuentemente se sienten confundidos sobre abandonar la seguridad y protección del hogar. Pueden estar indecisos anhelando su atención, solo para regresar al mismo punto.
Desarrollo social
Hasta ahora, la vida de un niño se ha desarrollado principalmente dentro de la familia. La adolescencia tiene el efecto de una roca que cae al agua, ya que su círculo social repercute hacia afuera para incluir amistades con los miembros del mismo sexo, del sexo opuesto, diferentes grupos sociales y étnicos y otros adultos, como un maestro o entrenador favorito. Finalmente, los adolescentes desarrollan la capacidad de enamorarse y formar relaciones amorosas.
No todos los adolescentes entran y salen de la adolescencia a la misma edad o muestran estas mismas conductas. Lo que es más, durante gran parte de su adolescencia, un joven puede ir más allá en algunas áreas del desarrollo que en otras. Por ejemplo, una chica de quince años de edad puede parecer físicamente un adulto joven, pero todavía puede actuar mucho como una niña ya que es hasta el final de la adolescencia que el desarrollo intelectual, emocional y social empieza a alcanzar al desarrollo físico.
¿Sorprende de alguna manera que los adolescentes se sientan confundidos y en conflicto algunas veces, especialmente considerando la expectativa que la sociedad impone sobre ellos durante seis o diez años o incluso más? Antes de la Segunda Guerra Mundial, solo un aproximado de uno de cuatro jóvenes terminó la secundaria. Era normal que los jóvenes en su adolescencia trabajaran a tiempo completo, se casaran y tuvieran hijos. Actualmente casi tres de cuatro jóvenes reciben diplomas de secundaria, y dos de cinco graduados van a la universidad. “A medida que más y más adolescentes amplían su educación”, dice el Dr. Joseph Rauh, un especialista en medicina para adolescentes desde 1950, “el rango de fechas de la adolescencia se ha ampliado a los veinte”.
Recuerde sus años de adolescencia y posiblemente venga a su mente la frustración por el anhelo de salir adelante por sí mismo; pero todavía depender económicamente de mamá y papá. O bien, luchar por ser usted mismo, pero al mismo tiempo, desear desesperadamente adaptarse a sus compañeros.
La adolescencia puede ser una época confusa para los padres también. Por un lado, deben lidiar a menudo con el comportamiento paradójico de sus hijos. ¿Cómo es posible que el mismo hijo que recibe elogios por salvar la selva tropical, sea regañado constantemente para que clasifique el reciclaje? O bien, que en el transcurso de una hora su hija pueda acusarlo de tratarla “como una bebé” y luego, ¿actuar ofendida porque usted espera que limpie la mesa después de la comida?
Pero más allá de aprender a prever las corrientes cambiantes de las emociones de los adolescentes, los padres pueden luchar con algunas emociones conflictivas de sí mismos. El orgullo que siente cuando ve a su adolescente independizarse puede disminuir con el sentimiento del desplazamiento. Por mucho que pueda aceptar intelectualmente que alejarse de los padres es una parte integral del crecimiento, es dolorosocuando el niño que suplicaba unirse a sus recorridos, ahora raras veces acepta que lo vean en público con usted, y además, solamente si el destino es un mínimo de un código de área de distancia.
Es una tranquilidad saber que sentirse perdido es una reacción normal; que probablemente comparten la mitad de las mamás y papás junto a usted en una práctica de fútbol. Para los pediatras, ofrecer una guía y consejo a los padres es una parte importante y gratificante del día.
domingo, 10 de julio de 2016
Ortorexia: el silencioso trastorno alimentario de hoy
La obsesión por comer sano afecta especialmente a jóvenes
Dos cucharaditas de avena mezcladas con agua y medio pomelo. Eso es lo que desayunaba Julia todos los días. Ella, como muchos otros, empezó queriendo tener una dieta saludable y terminó con ortorexia, el trastorno alimentario de hoy.
Es la trampa de la vida sana. Son en su mayoría adolescentes, pero también adultos que detrás de una elección por el mundo orgánico, el vegetarianismo y el veganismo, esconden un desorden más profundo.
"Es un trastorno poco conocido. Comienza como un inocente intento por mejorar la calidad de la alimentación, pero con el tiempo aparecen las obsesiones sobre qué se debe comer y qué está totalmente prohibido", explica Juana Poulisis, psiquiatra y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios.
No existen cifras exactas sobre estos desórdenes, pero se sabe que la prevalencia estimada de anorexia nerviosa -el trastorno más conocido- en mujeres jóvenes y adolescentes de países desarrollados es de 0,5% a 1%. El principal rasgo de las personas con ortorexia es la rigidez. Primero descartan la grasa animal, las harinas blancas, los hidratos de carbono, los aditivos y los conservantes. Y la lista no para de crecer.
Ortorexia deriva del griego orthos, lo correcto, y orexi, apetito, por lo que quiere decir literalmente "hambre por la comida correcta". Las personas que atraviesan una anorexia o bulimia tienen fijación con la cantidad, mientras que los ortoréxicos tienen fijación con la calidad de la comida. Si la ortorexia avanza, puede desembocar en una anorexia.
Los más afectados son los adolescentes, impulsados por el ideal de belleza y de felicidad instalado en la sociedad. Ellos no necesariamente tienen un bajo peso, porque la obsesión no pasa por la imagen, sino por comer bien.
Para Olga Ricciardi, directora del Centro Especializado en Desórdenes Alimentarios (CEDA), la ortorexia es la presentación más moderna de la anorexia, que aparece como la fisonomía de un cuidado extremo por los alimentos que se consumen. De a poco se va acotando el modo de comer de manera absolutamente restrictiva, acompañado de rituales.
"Es una modalidad que se viene presentando desde 2008 porque existe un fuerte estímulo publicitario. En los últimos 10 años creció enormemente la movida de la comida gourmet. En la posmodernidad hay un empuje cultural y publicitario en relación con la comida que se consume. El 90% de la incidencia es femenino", dice Ricciardi.
Desde la Fundación La Casita, empezaron a ver casos en la consulta en los últimos cinco años. "Tenemos un montón de pacientes que vienen con la idea de que son veganas o vegetarianas, pero te vas dando cuenta de que es más un trastorno alimentario encubierto que una filosofía de vida por la poca flexibilidad que tienen", cuenta Julieta Ramos, coordinadora del área de psicología de la entidad.
Problemas de salud
Cuando las reglas que establecen los alimentos permitidos comienzan a coartar la vida de quien las aplica, aflora este desorden alimentario. "La elección de la comida y la variedad se convierten en algo tan reglado que, paradójicamente, puede llevar a problemas de salud", agrega Poulisis.
Esto es justamente lo que le empezó a ocurrir a Julia. Un día comenzó con problemas de estreñimiento. Había perdido casi 20 kilos en menos de un año y su cuerpo se quejaba como podía. Con 1,70 metros de estatura, pesaba 55 kilos. Ése fue el punto final. Su mamá la llevó al gastroenterólogo y a una nutricionista que la derivó a La Casita. Y ahí empezó el verdadero camino de recuperación.
"Cuando me mudé a Buenos Aires para estudiar empecé a correr y a comer lo que yo consideraba saludable. En mi cabeza era una gourmet de la cocina y leía todo el tiempo sobre eso. Desde los 14 que era vegetariana, pero cada vez comía menos cosas", dice esta chica de 19 años, que hoy vive con sus tíos.
Se empezó a cocinar su comida y a buscar desenfrenadamente información sobre el tema en Internet. No podía pensar ni hablar de otra cosa.
"Lo mío era calidad y cantidad. Medía todo. Dos cucharadas de esto, una de otra cosa. Creía que tenía permitidos, pero nunca los llevaba a la práctica. No era consciente de lo que me pasaba", dice esta adolescente, que dejó de ser vegetariana hace un mes porque "el fundamento ideológico había perdido fuerza".
Hoy tiene otro color de piel, otra postura, otro humor. "Me gustaría poder dejar de pensar en la comida todo el día, porque te saca posibilidades de disfrutar de otras cosas", concluye Julia.
Para Ricciardi, el principal riesgo es que no hay conciencia de la enfermedad y son personas que no están dispuestas a curarse de nada porque no hay nada que curar. "Y mucho menos hacer un tratamiento", agrega.
El tema es que los padres también están atrapados en la cultura de lo sano, y entonces ven como una virtud de sus hijas que se enfoquen en comer "saludable". Esto genera un contexto que facilita la ortorexia y que retrasa muchísimo el diagnóstico.
"Las chicas arrancan cada vez más jóvenes con estos trastornos. Hasta hemos visto niñas de 9 años con esta patología. El problema es que ellas nunca se ven bien", explica Ramos.
Las adolescentes más vulnerables a padecer estos trastornos suelen ser muy autoexigentes.
"Los padres cuentan que antes de enfermar eran como las «hijas perfectas», con buen rendimiento académico. Tanto es así que encaran la vida saludable con la misma exigencia, llegando al momento en que lo saludable se distorsiona y ya todo les hace mal", expresa Paula Hernández, también coordinadora del área de psicología de La Casita.
Si bien las mujeres son las que tienen más inclinación hacia los trastornos alimentarios, los hombres no están exentos.
Santiago siempre tuvo sobrepeso. No le gustaba su cuerpo. De chico se ponía varios buzos para disimularlo. En la secundaria empezaron a molestarlo con el tema y decidió tomar cartas en el asunto. "A los 16, gracias a la materia Biología, empecé a entender qué es lo que tenía que manipular de mi dieta para poder bajar de peso y a tomar conciencia sobre qué tipo de alimentos eran buenos para este objetivo. Yo sabía que tenía grandes chances de caer en una anorexia porque soy extremista, obsesivo y exigente", dice este joven de 19 años.
Iba al gimnasio cuatro veces por semana, pegó el estirón y restringió su dieta a carnes, verduras, frutas y barritas de cereales. Medía 1,80 y llegó a pesar 51 kilos. "Mi cuerpo estaba al borde del colapso. Me cansaba el solo hecho de tener que estar todo el día despierto. Y ahí le pedí ayuda a mi mamá", recuerda Santiago, que siempre fue un excelente alumno.
Empezó un tratamiento en CEDA, donde estuvo dos años. Fue ampliando su dieta y hoy está en un peso sano y con las energías puestas en la universidad. "En gran parte caí en este trastorno por la presión social y porque quería estar en mejor estado físico para gustarle a las chicas. Ahora tengo otra relación con mi cuerpo. No me molesta un día comer de más porque pienso en el largo plazo y en tratar de mantenerme saludable", concluye Santiago.
Signos de alarma
Los especialistas señalan que lo importante es no catalogar los alimentos como saludables o no saludables. "El acento tiene que estar puesto en moderar las cantidades y aprender a comer de todo, pero también en el contexto en que nos alimentamos. Un signo de alarma es cuando los adolescentes comienzan a evitar salidas y encuentros con amigos o familia porque prefieren comer distinto del resto", agrega Hernández.
"Yo como de todo pero sano", "esto me cae mal", "me hace doler la panza" o "me da granitos" son todas clásicas excusas que encuentran para evitar ingerir determinados alimentos. "Porque son chicas muy inteligentes, hábiles en su discurso y hambrientas de información. En esto, las redes sociales son la peor compañía, porque permiten que la información llegue en todo momento", dice Ramos.
Uno de los factores que predisponen a tener un trastorno alimentario es tener padres dietantes. Desde las instituciones señalan que reciben a muchas chicas que están haciendo la misma dieta que la madre o que van al gimnasio juntas.
"Los padres también están inmersos en esto. Porque la generación de los que hoy tienen entre 40 y 50, que tienen hijos de 10 y 15, están enganchados en esto de la comida sana y orgánica. Y terminan sin querer metiendo a sus hijos en esta moda, que puede llevar a pacientes vulnerables a este tipo de trastornos", agrega Poulisis.